¡Queremos jugar en el bosque!

La gran mayoría de niños y niñas que viven actualmente en países europeos, lo hacen en grandes ciudades, rodeados por cemento, asfalto y humo.

La desconexión con la naturaleza y todos las consecuencias negativas que tiene en las personas, está llevando a muchas ciudades a tratar de naturalizarse cada día un poco más, desterrando pesticidas y aumentando las zonas verdes.

Sin embargo, y aunque las medidas son muy bienvenidas, no es ni será suficiente. Especialmente para la infancia.

Además de las consecuencias físicas de crecer en un entorno cargado de gases y ruidos, el vivir alejado de la naturaleza también las tiene sobre su desarrollo y su felicidad.

La biofilia, concepto utilizado por primera vez por el biólogo Edward Osborne Wilson, para referirse al estrecho vínculo por la naturaleza y todo lo vivo. Durante siglos, nuestra supervivencia ha dependido de una fuerte conexión con la naturaleza, animales y plantas, y por más que nos encerremos en cajas de hormigón, sigue ahí. En nuestras entrañas.

Por eso, en el Día Internacional de los Bosques, queríamos recordaros los muchos beneficios de facilitar el contacto de la infancia con la naturaleza.

  • Se estimulan la imaginación y creatividad. Lejos de los juguetes simbólicos, cuyo papel y función vienen marcadas por la forma y los colores; en la naturaleza todo es susceptible de transformarse en otra cosa: piedras, palos, hojas, …. se transforman en un baúl infinito de recursos. Además, nos permite montar, desmontar, construir, transformar,… ¡No hay reglas establecidas! y lo mejor es que los elementos que podemos encontrarnos en la naturaleza no tienen género asignado, por lo que los roles y «las cosas de niñas y las cosas de niños» se difuminan. Todo es unisex.
  • Promueve la resistencia al estrés y la depresión. Porque correr por la naturaleza, construir cabañas y investigar huellas animales nos relaja, nos concentra y nos hace felices. Jugar sin problemas de espacio y sin preocuparse por las manchas es jugar libremente y cubre las necesidades infantiles de movimiento, estimulación y aprendizaje. El bueno humor que nos genera jugar en la naturaleza se traspasa a las relaciones sociales, facilitando la cooperación y la resolución de conflictos.
  • Aumenta la autonomía y la autoconfianza. A partir de la superación de retos y el desarrollo de sus habilidades, las niñas y niños van aprendiendo hasta donde pueden llegar, sus límites y que riesgos pueden asumir y cuales no. Les permite probar, equivocarse y volverlo a intentar.
  • Estimulación sensorial. Cualquier espacio natural tiene una gran capacidad para estimular los cinco sentidos. Un paseo por el bosque es un magnífico viaje de estimulación sensorial: el ruido del agua o el canto de los pájaros; la textura de las piedras o de la corteza de los árboles; las diferentes tonalidades del verde de las hojas; el olor de las flores y a excrementos animales; el sabor de las frutas maduras. El bosque esta cargado de estímulos que llegan a nosotros para darnos información acerca de las plantas, el ambiente, la tierra, los animales, los árboles y absolutamente todo.
  • Previene la obesidad infantil. Jugar en el bosque es movimiento y, al lado de todas las horas que pasamos en una silla o sofá, este movimiento estimula nuestro cuerpo y es una maravillosa estrategia para prevenir la obesidad.
  • ¡Aprendemos a quererla, cuidarla y protegerla! A ella y a todos sus habitantes. Solo si conocemos la naturaleza, sus habitantes, sus hábitats, sus matices, sus necesidades y riesgos, podemos apreciarla y valorarla. Así, queriéndola, podremos protegerla y defenderla de quienes quieren destruirla para enriquecerse. Además, al descubrir la realidad de los habitantes de la naturaleza y las situaciones que enfrentan, se fomenta la empatía y la compasión hacia todos los animales. Imprescindible para cambiar las relaciones que establecemos con ellos y con el planeta.

Podríamos seguir largo y tendido, sin embargo estos 6 puntos deberian ser suficientes para darnos cuenta de lo importante que es el contacto de todos, pero especialmente de la infancia, con la naturaleza.

Y, al igual que el resto de entornos, los bosques están en peligro.

Enseñemos a los más peques a disfrutarlos, cuidarlos y protegerlos.

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