¿Qué se aprende cuando se pinta a un caballo?

La semana pasada circuló por las redes sociales la foto de un pobre caballo que había sido usado en una hípica de Brasil, para que niñas y niños pintaran sobre él, como si de un lienzo se tratara.

Muriell Marques, de la hípica en la que se desarrolló la actividad, habla de pedagogía y de respeto hacia el resto de animales. Al igual que lo hacen los responsables y profesionales de la educación que, en los últimos años, han decidido que usar a otros animales para que los pinten, es una magnífica idea para educar a la infancia.

Porque esté no es un caso aislado. Cada verano denunciamos, desde Dekimba, el uso y abuso normalizado en actividades infantiles de verano, ahora ya no solo limitado a montarlos, sino también a pintarrajearlos en nombre del ocio educativo.

Piensan, a menudo, en la gran motivación que puede generar en los participantes, así como en estimulación sensorial que proporciona la pintura y el tocar a un animal tan magnífico como un caballo.

Pero si se tomaran el tiempo necesario para conseguir ver la actividad desde el punto de vista de los caballos (básicamente, programar y organizar con EMPATIA) entenderíamos:

  • Que aunque la pintura no sea nociva, usar a otro animal como un lienzo no es más que cosificarlo. Es decir, omitir que es un ser vivo sintiente y transformarlo en cosa, despojándolo de su voluntad y su naturaleza. Los niños y niñas aprenden, pues, que los animales están aquí para que los usemos en función de nuestras necesidades, independientemente de las consecuencias que tengan sobre los animales. Primero lo pintamos, luego lo montamos… ¿Por qué no acabar matándolo para hacer unos bocadillos?
  • Si bien es cierto que las consecuencias de estas tres acciones son muy diferentes, todas parten de la misma concepción bíblica de que el ser humano es el centro del planeta y de la vida en él y que el resto de animales (¡y todo el planeta!) están para su uso y disfrute. Esta concepción nos provocar daños inmensurables sin ni siquiera cuestionarlos, y es lo que verán las niñas y niños que participen en este tipo de actividad.

 

 

  • No, los participantes no aprenden sobre los caballos. Esta idea de que el simple contacto nos sirve para aprender no solo es ingenua, también falsa y de una falta de visión terrible. ¿Cómo van a aprender de los caballos, si no dejan a los caballos que sean como son? Desde hace siglos, han sido dominados y maltratados para poder seguir usándolos y explotándolos. Sin embargo, los caballos son animales terriblemente sensibles, sociales e inteligentes. Pero nada de esto se puede aprender cuando un animal es arrancado de su naturaleza primaria y obligado a asumir comportamientos que no les son naturales.

Pintar un caballo puede considerarse educativo SOLO si el paradigma des del que se planifica dicha actividad es antropocéntrico. Solo si entendemos que el centro del mundo natural en el que vivimos es nuestra especie y colocamos al resto de especies, individuos y sistemas naturales jerárquicamente bajo la humanidad.

Y no es así.

Y va siendo hora que todos los implicados con la educación de niñas y niños analicen su papel en un sistema basado en la dominación y la explotación y sean conscientes de los valores que realmente están transmitiendo.

Si el objetivo de dichos profesionales es fomentar la empatía y el respeto hacia el resto de animales y el entorno, hay algo en su reflexión que está mal. No se puede enseñar a querer explotando, no se puede enseñar a respetar desnaturalizando.

Y, sobretodo, no se puede enseñar a empatizar cuando nosotros mismos no lo hacemos.

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