¿Educamos en la no violencia?

Si hablamos con muchas de las personas vinculadas a la educación y la infancia, seguro que encontraremos en común el deseo y objetivo de educar a las niñas y niños en pro de una sociedad y cultura de paz, donde la violencia sea desterrada como método de relación entre las personas.

Afortunadamente, en las últimas décadas se ha avanzado muchísimo en la formación de las personas profesionales y, por tanto, de la infancia, en estrategias de resolución de conflictos, con tal de dotarlas de recursos para gestionar las situaciones conflictivas de una forma pacífica. Esto, además, aporta múltiples beneficios en las personas: una mejor gestión de las emociones, un aumento de la empatía y la compasión,…

Pero no es difícil visualizar que la educación en la no violencia debe dar un paso más: es imprescindible que nuestro círculo de compasión se amplíe para incluir al resto de animales.

¿Cómo podemos hablar de no violencia cuando se organizan en los colegios matanzas de cerdo (como hace pocas semanas en el FP Lorenzo Milano de Salamanca) o participan en actividades que promocionan la caza?

Normalizar la violencia que sufren los otros animales es educar en una violencia sistémica, invisibilidad y que produce dolor y sufrimiento a millones de animales alrededor de todo el mundo. Si nuestro objetivo como educadoras es que las niñas y niños puedan crecer en un mundo libre de violencia y, a la vez, ser constructores del mismo, debemos analizar nuestras acciones y valores para darnos cuenta de que estamos transmitiendo realmente.

Si nuestra meta es la paz, debemos educar en, por y para la paz. Y nunca podremos hacerlo mientras nuestros actos apoyen acciones violentas, crueles y totalmente innecesarias.

La cultura de paz incluye, inevitablemente, a los otros habitantes del planeta.

Y al planeta mismo.

Feliz fin de semana, familia.

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