4 cosas a tener en cuenta antes de enseñar a una niña o niño a tirar un petardo

Está a punto de empezar el verano: la estación de las niñas y niños que, desencorsetados de las obligaciones que les imponemos durante el curso, encuentran en los calurosos días de vacaciones la oportunidad para dar libertad  a su mente y su alma. La alegría y emoción que sus cuerpos y mentes sienten se ven con solo observar sus caritas a punto de explotar de felicidad.

Y no es para menos.

Sin embargo, esta fecha llega junto a una de las fiestas más terribles del año: la felicidad de los más pequeños viene acompañada de San Juan, una fiesta de larga tradición pero desprovista de toda empatía y responsabilidad.

A quienes amamos al resto de animales no nos gusta San Juan. Quienes convivimos con perros y tenemos suerte, podemos escaparnos a algún rincón alejado de la civilización, tratando de salvarlos del horror que implica esa noche. Sin embargo, muchos no pueden huir y millares no cuentan con el apoyo de ningún humano que pueda ayudarlos.

Así que, si este San Juan piensas no solo tirar petardos, también enseñarles a tus hijos o hijas a tirarlos, por favor, lee primero estos 4 consejos.

Nosotras, los animales, muchas personas, tus hijos y el planeta te lo agradecerán.

  • Antes de gastarte el dinero en petardos, recuerda que existe la hipersensibilidad acústica. Muchas personas viven día a día con hipersensibilidad acústica, lo que les lleva a percibir los ruidos y sonidos de su entorno maximizados. Muchas personas con trastorno del espectro autista tienen hipersensibilidad, lo que les lleva a sentir los fuegos artificiales de una forma que difícilmente seremos capaces de entender jamás. La gran sensibilidad auditiva mezclada con petardos les lleva a pasar momentos de verdadero terror y, en algunos casos, entrar en estados de shock.
  • Antes de encender la mecha, observa. Aunque no los veas y pueda sorprender, a tu alrededor viven cientos de animales, la gran mayoría de los cuales también experimentan hipersensibilidad acústica. Al terror por el estruendo que generan los fuegos artificiales se suma la incomprensión absoluta de lo que está pasando y lo que pasará. Tu sabes y comprendes que es y que terminará. Ellos no. Muchos animales pasan días escondidos y otros muchos mueren, al no soportar sus corazones tanto miedo.
  • Antes de acercarte a ver un castillo de fuegos artificiales, piensa en cómo viven los animales del entorno, no solo el estruendo, sino también la sobreexposición lumínica. Para animales tan terriblemente sensibles como, por ejemplo, los pájaros, el cambio de la oscuridad nocturna a la explosión de luz y color el contraste es terrible. Aunque existen fuegos artificiales más silenciosos, el efecto lumínico es el mismo, así que solo solucionan parte de los efectos.
  • Antes de enseñar a un niño o niña a tirar un petardo, piensa. Piensa en los efectos que tienen sobre otros (humanos y no humanos) y el terrible impacto ecológico que generan. Aumentan los niveles de polución, debido a la liberación de CO2 que generan. Aunque no son efectos permanentes, ya que se disipan en el aire, son gases que son respirados por personas y animales y que, inevitablemente, tienen sus consecuencias negativas.

Por favor, ahora que llega San Juan, actuad con empatía y compasión. Pensar en las consecuencias de nuestros actos, y hacerlo con compasión, puede condicionar completamente nuestros actos. Piensa que el mundo no es nuestro, que convivimos con millones de habitantes que tienen los mismos derechos que nosotras a habitar el planeta.

Pensar puede ayudarnos a no convertir la vida de otros animales en un infierno nocturno solo por una fiesta.

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